La obra de Núria Vallès nace de la observación. Antes de representar una planta, una ciudad, un gesto o un rostro, hay una mirada que se detiene, estudia la forma y deja que la luz revele lo esencial.
En Artvallès, cada obra habla de luz, tiempo y presencia. El arte botánico revela la arquitectura íntima de la naturaleza. El paisaje urbano transforma la ciudad en atmósfera. Los dibujos muestran el origen del gesto. Los retratos buscan algo más que una semejanza: una presencia.
La obra de Núria Vallès une ciudad, naturaleza y figura humana desde una misma sensibilidad. Su pintura no busca reproducir el mundo de forma literal. Busca interpretarlo a través de la luz, el color, el detalle y el silencio. Por eso, cada pieza conserva algo del tiempo que la ha hecho posible.
En Artvallès, la obra de Núria se presenta como una invitación a detenerse ante lo visible y descubrir en él una profundidad nueva.
Mi obra no nació de una idea cerrada, sino de una forma de estar ante el mundo.
Durante años he pintado aquello que tenía delante: una ciudad, una fachada, una línea, una sombra, una planta, un rostro. Pero con el tiempo he comprendido que lo importante no era solo el motivo, sino la manera de acercarme a él.
Antes de pintar, necesito detenerme. Observar la forma, entender su estructura, percibir la luz que la atraviesa y dejar que aparezca algo que no siempre se ve a primera vista.
Cada etapa de mi trabajo me ha llevado a otra. El dibujo me enseñó a sostener la mirada. La ciudad, a ordenar el espacio. La luz, a entender el vacío. La botánica, a respetar la fragilidad de lo vivo. Y el retrato me devuelve a algo esencial: la presencia humana.
No busco copiar la realidad. Busco entrar en diálogo con ella. Traducirla desde mi sensibilidad, con el tiempo que cada obra necesita y con la honestidad de quien todavía sigue aprendiendo a mirar.
El origen de la obra de Núria Vallès está en el dibujo y la pintura de observación. Durante años trabaja el paisaje y el entorno urbano, explorando la perspectiva, el movimiento, el color y la interpretación subjetiva de aquello que ve.
Su formación con Antonio López refuerza una manera de observar sin prisa, donde el oficio, la paciencia y la presencia forman parte esencial del proceso pictórico.
Su formación filosófica y su paso por Helsinki abren una relación profunda con la luz como forma de conocimiento y contemplación. La luz nórdica aparece en su recorrido como un despertar artístico.
Más adelante, la pintura negativa incorpora un hallazgo técnico importante: trabajar la luz desde el vacío. Así, lo que no se pinta también construye la obra.
Desde la pandemia, Núria Vallès dirige su mirada hacia el patrimonio vegetal. La acuarela botánica se convierte en su lenguaje principal actual, uniendo observación directa, rigor técnico y sensibilidad artística.
Su proceso parte del dibujo, de una paleta reducida y de capas progresivas que respetan el ritmo de cada pieza. En esta etapa, la planta deja de ser un motivo decorativo para convertirse en una presencia viva, frágil y necesaria.
Cada obra es un fragmento de tiempo y naturaleza capturado en el taller. Si deseas conocer los detalles técnicos, la historia detrás de una pieza o su disponibilidad actual, hablemos.
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